Especial Bong Joon-ho
Bong Joon-ho: mis 3 películas imprescindibles de uno de los grandes directores de nuestro tiempo
Bong Joon-ho pertenece, sin ninguna duda, al segundo grupo.
Su cine es difícil de encasillar. Puede comenzar como un thriller policial, transformarse en una comedia negra, convertirse en una historia de ciencia ficción o terminar funcionando como una demoledora radiografía social. Y quizá esa sea una de sus mayores virtudes: nunca sabes exactamente hacia dónde te va a llevar, pero siempre terminas llegando a algún lugar.
Desde Memories of Murder hasta Parásitos, pasando por The Host, Mother, Snowpiercer u Okja, Bong Joon-ho ha demostrado una extraordinaria capacidad para combinar entretenimiento y cine de autor sin sacrificar ninguna de las dos cosas. Su filmografía está plagada de personajes imperfectos, situaciones incómodas y sociedades en las que algo parece funcionar mal.
Y debajo de todo ello encontramos una constante: una mirada especialmente crítica hacia las desigualdades sociales, las estructuras de poder y la condición humana.
Empiezo diciendo que lo más probable es que esta selección sea tremendamente injusta. En mi modesta opinión —y vaya por delante que reducir la filmografía de un director como Bong Joon-ho a solamente tres películas es casi un sacrilegio—, estos son sus tres títulos imprescindibles.
Tres películas que, para mí, representan algunas de las mejores virtudes de su cine y que deberían formar parte del particular recorrido cinematográfico de cualquier espectador interesado en descubrir a uno de los grandes directores de nuestro tiempo.
Y sí, soy perfectamente consciente de que aquí faltan películas tan extraordinarias como The Host o Mother. Pero precisamente ahí está la gracia de estas listas: provocar debate, descubrir películas y, por supuesto, conocer vuestra propia selección.
Si todavía no conoces la obra de Bong Joon-ho, mi recomendación es sencilla: elige una de estas tres películas, apaga las luces y déjate llevar.
Porque descubrir su cine no consiste simplemente en ver una película.
Es adentrarse en un mundo en el que detrás de cada historia hay una crítica, detrás de cada personaje existe un conflicto y detrás de cada sonrisa suele esconderse algo mucho más oscuro.
Así que, sin más preámbulos...
Comencemos.
Memories of Murder: cuando el thriller se convierte en una pesadilla
Si tuviera que escoger una película para explicar por qué Bong Joon-ho es un director diferente, Memories of Murder sería probablemente una de las primeras que pondría sobre la mesa.
Estrenada en 2003, esta extraordinaria mezcla de thriller, drama policial y humor negro parte de una serie de asesinatos reales ocurridos en Corea del Sur durante los años ochenta. Dos detectives muy diferentes entre sí intentan resolver una investigación que poco a poco se convierte en una obsesión.
Pero Bong Joon-ho no está interesado únicamente en descubrir quién es el asesino.
De hecho, lo verdaderamente fascinante de la película es observar cómo la investigación va revelando las miserias de toda una sociedad.
La incompetencia policial, la violencia, la frustración, la presión de las autoridades y la impotencia de unos investigadores incapaces de encontrar respuestas construyen un retrato tan inquietante como fascinante.
Y ahí aparece una de las grandes señas de identidad del director: el humor.
Bong introduce situaciones absurdas y momentos inesperadamente cómicos dentro de una historia profundamente oscura. No rompe la tensión; la hace todavía más incómoda. Nos hace reír para, segundos después, recordarnos que estamos contemplando una historia sobre asesinatos.
Song Kang-ho, en una de sus colaboraciones fundamentales con el director, resulta absolutamente memorable. Su personaje representa buena parte de las contradicciones que recorren la película: intuición frente a procedimiento, emoción frente a racionalidad y desesperación frente a una investigación que parece no conducir a ninguna parte.
Pero si hay algo que hace que Memories of Murder permanezca en la memoria es su final.
No hace falta explicar nada más.
Solo decir que es uno de esos finales que permanecen contigo mucho después de que hayan aparecido los créditos.
Una película magistral, incómoda y sorprendentemente humana.
Una obra imprescindible.
Snowpiercer: una sociedad dividida en un tren
Con Snowpiercer, Bong Joon-ho demostró que podía trasladar su particular mirada al cine de ciencia ficción internacional sin perder ni una pizca de personalidad.
La película nos sitúa en un futuro en el que la Tierra ha quedado prácticamente congelada y los últimos supervivientes de la humanidad viven a bordo de un gigantesco tren que nunca puede detenerse. Dentro de él, la sociedad está organizada de manera brutalmente desigual: los privilegiados ocupan los primeros vagones mientras los más pobres sobreviven hacinados en la parte trasera.
La premisa es fantástica.
Pero lo realmente interesante es lo que Bong Joon-ho hace con ella.
Porque Snowpiercer es, en esencia, una película sobre las clases sociales.
El tren funciona como una gigantesca metáfora de nuestra propia sociedad. Los que tienen el poder están delante. Los que carecen de él están detrás. Y entre ambos existe una estructura diseñada para que todo permanezca exactamente como está.
La revolución comienza cuando algunos de los habitantes de los vagones traseros deciden avanzar.
Y cuanto más avanzan, más descubren.
Cada vagón representa una nueva capa de esa sociedad: espacios, ambientes, personajes y situaciones completamente diferentes que permiten al director construir una película visualmente espectacular sin abandonar nunca su discurso.
Chris Evans encabeza un reparto internacional en el que también encontramos a Song Kang-ho, Tilda Swinton, John Hurt y Ed Harris, entre otros.
Pero, por encima de todo, Snowpiercer demuestra que Bong Joon-ho entiende el cine comercial de una manera muy particular.
Puede ofrecer acción, espectáculo y ciencia ficción y, al mismo tiempo, utilizar todos esos elementos para hablar de desigualdad, poder y control social.
El resultado es una película tan entretenida como incómoda.
Y quizá lo más inquietante sea comprobar que, pese a tratarse de una historia ambientada en un futuro extremo, muchas de sus ideas siguen resultando tremendamente reconocibles.
Una distopía con alma de crítica social.
Parásitos: la obra maestra
Y llegamos al número uno.
Aquí probablemente no haya demasiadas sorpresas.
Parásitos no solo es mi película favorita de Bong Joon-ho; es también, en mi opinión, la obra que mejor resume todas las obsesiones que el director había ido desarrollando a lo largo de su carrera.
La historia comienza presentándonos a una familia que vive en una situación económica precaria. Una oportunidad aparentemente inocente permite que uno de sus miembros entre en contacto con una familia adinerada. A partir de ahí, las dos familias comienzan a entrelazar sus vidas de una manera que irá adquiriendo dimensiones cada vez más inesperadas.
Y hasta aquí puedo contar.
Porque cuanto menos se sepa de Parásitos antes de verla, mejor.
Bong Joon-ho construye una película que cambia constantemente de tono. Comienza como una comedia negra, continúa como una sátira social y termina convirtiéndose en algo mucho más oscuro y perturbador.
Pero todo está perfectamente calculado.
Cada espacio, cada escalera, cada ventana y cada cambio de nivel tiene un significado. La propia arquitectura de la película se convierte en una representación visual de las diferencias entre ricos y pobres.
Y entonces comprendemos que el verdadero protagonista de Parásitos no es ninguna de las dos familias.
Es la desigualdad.
El director consigue algo extraordinariamente difícil: hacer que una historia profundamente coreana resulte universal. No necesitamos conocer la sociedad surcoreana para entender lo que está contando. Las diferencias de clase, la frustración, la necesidad económica y la lucha por sobrevivir son reconocibles prácticamente en cualquier lugar del mundo.
La película fue premiada con la Palma de Oro en Cannes en 2019 y, posteriormente, hizo historia en los Oscar de 2020 al ganar cuatro premios, incluyendo Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Guion Original y Mejor Película Internacional. Fue la primera película en lengua no inglesa en ganar el Oscar a Mejor Película.
Pero más allá de los premios, Parásitos funciona porque es, sencillamente, cine.
Cine inteligente, divertido, incómodo, emocionante y visualmente extraordinario.
Una película que consigue entretenerte mientras te está hablando de algo mucho más profundo.
Para mí, la obra maestra de Bong Joon-ho.
Bong Joon-ho: tres películas, un mismo universo
Una es un thriller policial. Otra, una distopía de ciencia ficción. Y la tercera, una mezcla inclasificable de comedia negra, drama, thriller y sátira social.
Sin embargo, las tres comparten mucho más de lo que parece.
En todas encontramos personajes atrapados dentro de un sistema que no pueden controlar. En todas existe una lucha de poder. En todas aparecen las diferencias entre quienes tienen y quienes no tienen. Y en todas Bong Joon-ho utiliza el género como una herramienta para hablar de algo mucho más cercano: nosotros mismos.
Quizá esa sea la verdadera grandeza de este director.
Bong Joon-ho no necesita dar discursos para transmitir sus ideas. Le basta con colocar a sus personajes dentro de una situación aparentemente sencilla y dejar que sean ellos quienes nos enseñen cómo funciona el mundo.
Por eso estas son mis tres películas imprescindibles.
¿Son realmente las tres mejores de su filmografía?
¿Son las tres que yo elegiría para explicar por qué considero a Bong Joon-ho uno de los grandes directores de nuestro tiempo?
Sin ninguna duda.



