Crítica de La constelacion del perro (2026)
Ridley Scott convierte el apocalipsis en un íntimo relato sobre la supervivencia
Ridley Scott vuelve a la ciencia ficción con La constelacion del perro, una película que se aleja deliberadamente de la espectacularidad habitual del cine posapocalíptico para apostar por una historia mucho más pausada, melancólica y centrada en sus personajes. Adaptación de la novela de Peter Heller, la cinta mezcla supervivencia, western y drama humano en un mundo devastado por una pandemia que ha reducido drásticamente la población mundial.
Y quizá esa sea su mayor virtud, pero también su principal riesgo: La constelacion del perro no quiere ser la película de acción que su tráiler parecía prometer.
Scott, acompañado en el guion por Mark L. Smith (El renacido, Twisters) y Christopher Wilkinson (Nixon, Ali), deja en segundo plano las grandes escenas de destrucción para concentrarse en cómo viven aquellos que han quedado atrás. Es una decisión interesante viniendo de un director cuya filmografía está repleta de imágenes monumentales y espectaculares.
Un apocalipsis visto desde la soledad
La historia sigue a Hig (Jacob Elordi), un hombre que intenta sobrevivir en un aeródromo abandonado junto a su perro Jasper y Bangley (Josh Brolin), un antiguo marine que se ha convertido en su principal aliado.
El mundo que conocían ha desaparecido después de una pandemia de gripe que ha acabado con gran parte de la humanidad. Los supermercados están vacíos, las ciudades han quedado abandonadas y cualquier encuentro con otros supervivientes puede convertirse en una amenaza.
Pero Hig todavía conserva algo que Bangley ha perdido: esperanza.
Mientras Hig sigue creyendo que puede existir vida más allá de su pequeño refugio, Bangley se rige por una filosofía mucho más sencilla y brutal: sobrevivir a cualquier precio. Para él, cualquier desconocido que se acerque demasiado es una potencial amenaza y no existe tiempo para sentimentalismos.
La relación entre ambos es, precisamente, uno de los grandes aciertos de la película.
Jacob Elordi aporta una interpretación contenida y profundamente melancólica. Hig es un personaje marcado por la pérdida de su esposa, pero que se niega a dejar de mirar hacia el futuro. Elordi consigue transmitir esa tristeza sin necesidad de grandes discursos, apoyándose principalmente en las miradas y los silencios.
Frente a él, Josh Brolin encuentra en Bangley un personaje perfecto para su registro. Su presencia física y su carácter áspero esconden a un hombre que también ha sufrido, pero que ha decidido afrontar el nuevo mundo desde la desconfianza.
Los dos funcionan especialmente bien juntos porque representan dos formas completamente diferentes de entender la supervivencia.
Ridley Scott vuelve a demostrar quién manda detrás de la cámara
Si hay algo que no sorprende en La constelacion del perro es su espectacular apartado visual.
La fotografía de Erik Messerschmidt convierte los escenarios naturales en auténticos protagonistas. Los bosques, las montañas, los aeródromos abandonados y los restos de la civilización crean un mundo que resulta al mismo tiempo hermoso y desolador.
Las secuencias en las que Hig sobrevuela los paisajes con su avioneta son especialmente destacables. Rodadas en localizaciones de los Alpes italianos y los Dolomitas, que sustituyen a las Montañas Rocosas de Colorado, ofrecen algunas de las imágenes más impresionantes de la película.
Es un cine posapocalíptico muy diferente al habitual. Aquí no importa tanto contemplar cómo terminó el mundo, sino experimentar cómo se siente vivir en él.
Y Scott se toma su tiempo para conseguirlo.
La película dedica buena parte de su primer acto a mostrar rutinas aparentemente insignificantes: conseguir comida, buscar suministros, vigilar los alrededores, volar sobre las ruinas de Denver o regresar a la casa donde Hig vivió con su esposa.
Puede parecer que la historia avanza lentamente, pero esa ausencia de urgencia es deliberada. Scott quiere que sintamos el vacío que rodea a sus protagonistas.
Cuando la esperanza aparece en la radio
Todo cambia cuando Hig capta una misteriosa señal de radio.
Convencido de que puede proceder de otros supervivientes, decide viajar hasta Grand Junction para averiguar su origen. Bangley considera que es una locura, pero Hig necesita comprobar que todavía existe algo más allá de su pequeño mundo.
El viaje termina de forma inesperada y lleva al protagonista hasta Cima (Margaret Qualley) y su padre, Pops (Guy Pearce).
Aquí la película vuelve a cambiar de registro para convertirse en una historia sobre personas heridas que intentan recuperar la capacidad de confiar en los demás.
Cima también ha perdido a su marido y comparte con Hig una experiencia de duelo que permite que ambos conecten sin necesidad de recurrir al romance fácil. Margaret Qualley está especialmente bien en este apartado, aportando humanidad y sensibilidad a un personaje que podría haber caído fácilmente en los clichés del género.
La relación entre Hig y Cima funciona porque Scott no tiene prisa por convertirla en una historia de amor convencional. Hay atracción, pero también miedo, desconfianza y, sobre todo, dos personas intentando descubrir si todavía pueden permitirse querer a alguien.
Guy Pearce, por su parte, interpreta a Pops como un hombre protector y desconfiado que inicialmente no acepta la presencia de Hig. Su actitud recuerda bastante a la de Bangley, aunque desde una perspectiva más familiar y emocional.
Cuando Scott deja salir al director de acción
Aunque La constelacion del perro apuesta principalmente por el drama y la contemplación, Ridley Scott no se olvida de que también sabe hacer cine de acción.
Uno de los mejores ejemplos llega cuando Bangley debe enfrentarse prácticamente solo a los Reapers, un grupo de supervivientes violentos que amenaza su refugio.
La escena, rodada principalmente mediante imágenes de visión nocturna, posee una tensión considerable y permite que Josh Brolin se convierta durante unos minutos en una auténtica máquina de supervivencia.
Sin embargo, aquí aparece uno de los problemas de la película.
Los Reapers tienen una presencia inquietante, pero están poco desarrollados. Más que personajes, funcionan como una amenaza externa destinada a elevar la tensión. Su potencial era considerablemente mayor y su falta de profundidad termina haciendo que resulten algo genéricos.
Mucho más efectiva resulta la posterior confrontación contra un grupo de asaltantes a caballo.
Scott transforma el enfrentamiento en un auténtico western posapocalíptico, con una puesta en escena contundente y una violencia bastante gráfica. Es uno de esos momentos en los que el director recuerda por qué, después de tantas décadas, continúa siendo uno de los grandes maestros de la imagen cinematográfica.
Un tercer acto que rompe el equilibrio
El problema más evidente de La constelacion del perro llega en su tramo final.
Después de construir durante buena parte del metraje una atmósfera sombría, íntima y realista, la película introduce un tercer acto mucho más extraño y surrealista.
La aparición de Allison Janney es divertida y la actriz parece disfrutar interpretando a un personaje completamente desquiciado, pero su inclusión provoca una sensación bastante extraña. Es como si durante unos minutos La constelacion del perro se transformara en otra película.
El cambio de tono resulta demasiado brusco y termina perjudicando ligeramente el impacto emocional que Scott había conseguido construir.
No es que el desenlace carezca de interés, pero sí parece pertenecer a una historia diferente.
La constelacion del perro no es el gran espectáculo de ciencia ficción que algunos espectadores podrían esperar de Ridley Scott. Y probablemente sea mejor así.
La película funciona cuando se concentra en sus personajes, en la soledad de Hig, en la relación con Bangley, en la conexión con Cima y en la necesidad de encontrar algún motivo para continuar viviendo después del fin del mundo.
Su ritmo pausado puede resultar frustrante en determinados momentos, y el cambio tonal del tercer acto no termina de convencer. Los Reapers, además, son una oportunidad desaprovechada para construir unos antagonistas más memorables.
Pero hay mucho que admirar: un reparto sólido, una fotografía espectacular, una atmósfera perfectamente conseguida y un Ridley Scott que demuestra que todavía puede encontrar nuevas formas de aproximarse a géneros que conoce perfectamente.
La constelacion del perro habla menos del apocalipsis que de lo que queda de nosotros cuando todo lo demás desaparece.
No es una obra maestra, pero sí una película con personalidad, capaz de combinar belleza, violencia y melancolía en un relato posapocalíptico más humano de lo habitual.
Valoracion: ⭐⭐⭐½ (3,5 estrellas de 5)
