Lo que esconde Silver Lake
Delirios y conspiraciones bajo el sol de Los Ángeles
Tras el éxito de It Follows, David Robert Mitchell cambia por completo de registro con Lo que esconde Silver Lake, una de las películas más inclasificables, extrañas y divisivas que pasaron por el festival.
La historia nos sitúa en un barrio de Los Ángeles, donde Sam (Andrew Garfield) es un joven apático, desempleado y completamente perdido en la vida. Su rutina cambia cuando conoce a su atractiva vecina, Sarah (Riley Keough). Sin embargo, apenas un día después, la joven desaparece sin dejar rastro. Convencido de que tras su desaparición existe una conspiración, Sam inicia una investigación que lo arrastra por un laberinto de pistas cada vez más absurdas y desconcertantes.
A partir de ese momento, la película se convierte en un auténtico rompecabezas. Un misterioso asesino de perros, un editor de fanzines obsesionado con las conspiraciones, la inquietante leyenda de la Mujer Búho, canciones pop con supuestos mensajes ocultos, un anciano compositor que asegura haber escrito prácticamente toda la historia del rock y del pop, millonarios obsesionados con alcanzar la inmortalidad mediante extravagantes rituales, sectas, códigos secretos, asesinatos y prostitutas forman parte de un inmenso mosaico de referencias culturales que parecen no tener fin.
David Robert Mitchell construye una película que mezcla cine negro, thriller conspiranoico, comedia surrealista y crítica a la cultura popular estadounidense. El resultado es una experiencia fascinante en algunos momentos y desesperante en otros. Da la sensación de que el director disfruta lanzando pistas al espectador sin preocuparse demasiado por ofrecer respuestas claras, convirtiendo el viaje en un delirio que avanza más por asociaciones de ideas que por una narrativa convencional.
Visualmente, la película está muy cuidada. La fotografía, la música y la recreación de ese Los Ángeles decadente y misterioso crean una atmósfera hipnótica que recuerda por momentos al mejor David Lynch. Sin embargo, el guion termina cayendo en un exceso de simbolismo y de tramas secundarias que acaban diluyendo el interés. Más de una vez da la impresión de que la película se pierde dentro de sus propios enigmas.
Andrew Garfield sostiene el conjunto con una interpretación magnífica. Consigue que un personaje tan errático como Sam resulte siempre interesante, transmitiendo perfectamente esa mezcla de paranoia, frustración y obsesión que impulsa toda la historia. Es, sin duda, uno de los grandes aciertos de la película.
No tengo dudas de que Lo que esconde Silver Lake es una de esas obras que generan opiniones completamente opuestas. Habrá quien la considere una película de culto repleta de capas de lectura y quien la vea como un ejercicio pretencioso y caótico. Personalmente, me sitúo en un punto intermedio. Aprecio su ambición, su personalidad y el riesgo que asume, pero su exceso de metraje —140 minutos— y una narrativa demasiado dispersa hicieron que la experiencia terminara resultándome más agotadora que fascinante.
Una propuesta valiente y diferente, con momentos realmente brillantes, pero que acaba perdiéndose en su propio laberinto de símbolos y conspiraciones. Eso sí, Andrew Garfield está soberbio y demuestra una vez más por qué es uno de los actores más versátiles de su generación.
Valoracion: ⭐⭐⭐(de5)
