John Wick: Capítulo 3 – Parabellum (2019)
La acción elevada a la categoría de arte
Quién habría imaginado, allá por 2014, que una película cuya premisa era aparentemente tan sencilla —un hombre dispuesto a vengar la muerte de su perro— acabaría convirtiéndose en una de las mejores sagas de acción del siglo XXI. Lo que comenzó como un thriller de venganza ha evolucionado hasta convertirse en un universo propio, con reglas, códigos, organizaciones y una mitología que no ha dejado de crecer película tras película.
John Wick: Capítulo 3 – Parabellum continúa exactamente donde terminaba la segunda entrega. John ha sido declarado excomulgado tras romper una de las normas sagradas de la Alta Mesa y ahora tiene una recompensa millonaria sobre su cabeza. Con todos los asesinos del mundo siguiéndole la pista, solo dispone de unas horas para intentar sobrevivir antes de que el contrato entre oficialmente en vigor.
Y la película deja claras sus intenciones desde los primeros minutos. La espectacular pelea en una biblioteca, donde un simple libro se convierte en un arma letal, marca el tono de todo lo que está por venir: creatividad, brutalidad y una puesta en escena impecable. Es una declaración de principios. Aquí no hay espacio para el descanso.
Uno de los grandes aciertos de Parabellum es que amplía considerablemente el universo creado por Chad Stahelski. Por fin conocemos parte del pasado de John Wick y descubrimos sus orígenes gracias al personaje interpretado por Anjelica Huston, magnífica como la Directora, líder de una organización criminal de raíces rusas. Este vistazo al pasado del protagonista aporta nuevas capas a un personaje que, hasta ahora, había hablado más con sus acciones que con sus palabras.
La historia lleva después a John hasta Casablanca, donde aparece Sofia, el personaje interpretado por Halle Berry. Su presencia resulta uno de los mayores atractivos de la película. Berry demuestra estar perfectamente integrada en el estilo físico de la saga y protagoniza algunas de las secuencias de acción más espectaculares junto a sus dos impresionantes perros de combate. Precisamente por eso, sabe a poco. Su personaje desprende tanto carisma que uno no puede evitar quedarse con ganas de verla durante mucho más tiempo en pantalla.
Pero si hay una sorpresa especialmente agradable para los amantes del cine de acción clásico, esa es la presencia de Mark Dacascos. El inolvidable protagonista de Crying Freeman regresa por todo lo alto con un personaje tan letal como peculiar. Su mezcla de admiración y rivalidad hacia John Wick aporta incluso algunos de los momentos más divertidos de la película, sin romper nunca el tono general.
Y, por supuesto, llega aquello que todos esperan de la saga: la acción.
En este apartado, Parabellum vuelve a demostrar que juega en otra liga. Persecuciones a caballo por las calles de Nueva York, tiroteos imposibles, combates cuerpo a cuerpo, cuchillos volando por todas partes, motocicletas, katanas y artes marciales se combinan en un espectáculo perfectamente coreografiado.
Lo más admirable sigue siendo la forma de rodar estas escenas. Chad Stahelski rehúye el montaje frenético y la cámara temblorosa tan habituales en el cine de acción moderno. Aquí los planos son largos, la cámara permanece al servicio de los movimientos de los actores y cada golpe puede seguirse con absoluta claridad. El resultado es un cine de acción elegante, limpio y tremendamente físico, donde se aprecia el enorme trabajo de preparación realizado por Keanu Reeves y el resto del reparto.
Y es precisamente Keanu Reeves quien continúa siendo el alma de la saga. A sus más de cincuenta años ofrece una entrega física admirable, ejecutando personalmente buena parte de las coreografías y transmitiendo un cansancio y un dolor que hacen que John Wick resulte mucho más humano que el típico héroe invencible del género. Reeves parece estar viviendo una auténtica segunda juventud cinematográfica gracias a un personaje que ya forma parte de la historia del cine de acción.
Visualmente, la película también mantiene el extraordinario nivel de sus predecesoras. El uso del color, la iluminación con neones, los escenarios repletos de espejos y reflejos, junto con una dirección artística exquisita, convierten muchas escenas en auténticas composiciones casi pictóricas. Hay secuencias, especialmente las del tramo final, que parecen sacadas de un cómic o de una novela gráfica en movimiento.
Si hay algún pequeño inconveniente, es que el argumento vuelve a quedar claramente en un segundo plano. La historia funciona sobre todo como un hilo conductor para enlazar espectaculares escenas de acción. Sin embargo, esa sencillez narrativa nunca supone un problema porque la película sabe exactamente qué quiere ofrecer y lo hace con una precisión admirable.
John Wick: Capítulo 3 – Parabellum no solo mantiene el altísimo nivel de la saga, sino que amplía su universo y lleva la acción a cotas pocas veces vistas en el cine contemporáneo. Es un brillante homenaje al hard-boiled, al cine de acción hongkonés de John Woo, al gun-fu y al wuxia, todo ello reinterpretado con una elegancia visual propia.
Una experiencia adrenalínica de principio a fin que confirma a John Wick como uno de los grandes iconos modernos del cine de acción. Y, tras semejante final, solo queda una sensación: contar los días para volver a acompañar a nuestro asesino favorito en el siguiente capítulo.
Valoracion: ⭐⭐⭐⭐(de5)


