Annabelle: Vuelve a Casa (Annabelle Comes Home) (2019)

Una oportunidad desaprovechada dentro del Universo Warren







Después de dos películas protagonizadas por la terrorífica muñeca y varias entregas del Universo Warren, Annabelle: Vuelve a Casa tenía todos los ingredientes para convertirse en una de las propuestas más inquietantes de la franquicia. La idea era excelente: reunir en una sola noche todos los objetos malditos que Ed y Lorraine Warren han ido recopilando durante años. Sin embargo, el resultado acaba siendo mucho más convencional de lo que prometía.

La película parte de una premisa muy conocida por los seguidores de la saga. Los Warren consiguen recuperar a Annabelle y la encierran definitivamente en una vitrina bendecida por un sacerdote, convencidos de que así mantendrán contenida la maldad que habita en su interior. Pero, como era de esperar, basta una imprudencia para que todo el horror vuelva a desatarse.

Mientras Ed y Lorraine se encuentran fuera de casa, su hija Judy, de apenas diez años, pasa la noche con su niñera Mary Ellen y la amiga de esta, Daniela. Movida por el dolor de haber perdido a un ser querido y por el deseo de contactar con él, Daniela rompe todas las normas y abre la vitrina donde permanece encerrada Annabelle. A partir de ese momento, la muñeca libera a los numerosos espíritus y entidades malignas que los Warren mantienen confinados en su sala de artefactos malditos.

Sobre el papel, la idea resulta apasionante. Esa habitación repleta de objetos embrujados era una auténtica mina para desarrollar una historia de terror llena de imaginación y situaciones angustiosas. Cada reliquia parece esconder una historia propia y muchas de ellas apenas tienen unos segundos en pantalla. La sensación constante es que la película desaprovecha un escenario con un potencial enorme.

Uno de los ejemplos más claros es La Novia, una presencia fantasmal realmente inquietante que consigue algunos de los momentos más inspirados del metraje. Su diseño y puesta en escena son tan efectivos que resulta fácil imaginar una película centrada exclusivamente en este personaje. Lo mismo ocurre con otras entidades que aparecen fugazmente y que despiertan más interés que la propia trama principal.

El problema reside en un guion demasiado simple y previsible. La historia se limita a encadenar sustos, puertas que se abren solas, apariciones repentinas y los ya habituales jump scares acompañados de bruscas subidas de volumen. Son recursos que funcionan de manera puntual, pero que sustituyen el verdadero terror psicológico por sobresaltos mecánicos que el espectador termina anticipando.







A ello se suma un reparto juvenil que, salvo algunas excepciones, ofrece interpretaciones bastante irregulares. Las tres protagonistas cumplen su función dentro de la historia, pero pocas veces consiguen transmitir el miedo o la desesperación que exigen muchas escenas. En contraste, las breves apariciones de Patrick Wilson y Vera Farmiga recuerdan por qué Ed y Lorraine Warren siguen siendo el verdadero corazón de toda la franquicia. Su sola presencia aporta una credibilidad y un carisma que la película echa de menos durante buena parte de su metraje.

No obstante, sería injusto afirmar que todo funciona mal. La dirección de Gary Dauberman demuestra conocer perfectamente el universo creado por James Wan. La ambientación está muy cuidada, la fotografía juega eficazmente con la oscuridad de la casa y la recreación del famoso cuarto de los objetos malditos vuelve a ser uno de los grandes atractivos visuales de la película. Cada rincón transmite la sensación de esconder una historia terrorífica que el espectador desearía conocer.

Precisamente ahí reside la mayor frustración. Annabelle: Vuelve a Casa tenía entre manos uno de los escenarios más ricos de todo el Universo Warren y, sin embargo, opta por el camino más fácil. En lugar de profundizar en la mitología de estos objetos malditos o construir una historia realmente perturbadora, prefiere limitarse a una sucesión de sustos previsibles y situaciones ya vistas innumerables veces dentro del cine de terror comercial.

No es una mala película. Se deja ver, entretiene y ofrece algún momento inquietante, especialmente para los seguidores de la saga. Pero da la impresión de ser una ocasión perdida para expandir un universo que todavía tiene mucho que ofrecer.

Ojalá las próximas entregas de Expediente Warren recuperen el nivel de las mejores películas de la franquicia, porque pocas parejas han aportado tanto carisma al cine de terror moderno como Ed y Lorraine Warren. Al fin y al cabo, en este universo queda claro que, sin los Warren… no hay paraíso.


Valoracion: ⭐⭐(de5)