Backrooms
Backrooms: cuando el terror liminal da el salto definitivo al cine de la mano de Kane Parsons
Lo que comenzó como una inquietante leyenda de internet inspirada en una simple imagen se ha convertido en una de las propuestas de terror más originales de los últimos años. Con Backrooms, el joven cineasta Kane Parsons demuestra que su talento va mucho más allá de YouTube, firmando una película que transforma el miedo a los espacios vacíos en una experiencia cinematográfica tan perturbadora como emocional.
Kane Parsons pasó de ser un creador de contenido especializado en terror analógico a convertirse en un director con un enorme futuro por delante. Tras el éxito viral de sus cortometrajes realizados con Blender, donde exploraba el inquietante universo de los Backrooms mediante un falso metraje encontrado, el fenómeno llamó la atención de A24, que decidió llevar aquella inquietante idea a la gran pantalla.
La película arranca con una intensa secuencia en primera persona en la que un empleado de la empresa Async se encuentra atrapado en el interminable laberinto de pasillos amarillentos. Mientras intenta escapar de una presencia invisible que lo acecha, la grabación termina abruptamente entre interferencias, estableciendo desde el primer minuto un ambiente de inquietud constante.
La historia se traslada después a 1990 para presentar a Clark, interpretado con enorme solvencia por Chiwetel Ejiofor. Antiguo arquitecto y ahora propietario de una modesta tienda de muebles, atraviesa uno de los peores momentos de su vida. Las deudas se acumulan, el negocio apenas sobrevive y su matrimonio ha terminado debido a sus problemas con el alcohol y el control de la ira.
En busca de ayuda psicológica, Clark acude regularmente a Mary, una terapeuta interpretada por Renate Reinsve. Sin embargo, ella también arrastra profundas heridas emocionales relacionadas con una infancia marcada por la enfermedad mental de su madre y una vida dominada por el aislamiento.
Todo cambia cuando Clark descubre accidentalmente una grieta en la realidad escondida tras una pared de su tienda. Al atravesarla, queda atrapado en los Backrooms: un universo infinito formado por oficinas desiertas, moquetas húmedas, luces fluorescentes interminables y una arquitectura imposible de comprender. Cuando Mary recibe un inquietante mensaje de voz que parece confirmar la desaparición definitiva de su paciente, decide adentrarse en ese lugar imposible para intentar encontrarlo, sin imaginar el horror que la espera.
Uno de los mayores aciertos de la película reside en su recreación visual de la década de los noventa. Los tonos marrones, la madera que invade cada estancia y una decoración deliberadamente anticuada transmiten una sensación de incomodidad constante. Incluso el mundo exterior parece ligeramente artificial, como si la propia realidad estuviera deformándose poco a poco ante los ojos del espectador.
Parsons utiliza estos escenarios liminales no solo para provocar miedo, sino también para representar el estado psicológico de sus protagonistas. Clark encuentra cierta lógica dentro del caos infinito de los Backrooms, una metáfora de la prisión mental en la que lleva años encerrado. Mary, por el contrario, revive constantemente los recuerdos de su infancia junto a una madre con graves problemas mentales, convirtiendo el espacio cerrado en una extensión de sus propios traumas.
La película apuesta claramente por el terror psicológico, una tendencia cada vez más habitual en el género durante la última década. Aunque esta aproximación aporta mayor profundidad a los personajes, en algunos momentos la historia parece sobreexplicar conflictos emocionales que quizá no necesitaban ocupar tanto espacio. El propio misterio de los Backrooms y el desconcierto que generan sus criaturas ya resultan suficientemente inquietantes para sostener la narración.
Existe además una pequeña subtrama relacionada con el personaje interpretado por Mark Duplass que funciona más como un guiño para los seguidores del universo expandido que como un elemento realmente importante para la historia principal. Su presencia resulta interesante para quienes conocen el fenómeno original, aunque apenas modifica el desarrollo de la trama.
Donde Kane Parsons demuestra todo su talento es en las secuencias rodadas desde la perspectiva subjetiva. Estas escenas recuperan la esencia de los cortometrajes que lo hicieron famoso y consiguen transmitir una tensión extraordinaria. La sensación de ser perseguido por una amenaza imposible de comprender conecta directamente con uno de los miedos más primitivos del ser humano y mantiene al espectador completamente atrapado.
Sin entrar en detalles que puedan estropear la experiencia, las criaturas que habitan este universo destacan por un diseño visual profundamente perturbador. Más que mostrar monstruos tradicionales, Parsons apuesta por figuras deformes y antinaturales cuya sola presencia genera incomodidad. Es uno de los aspectos más memorables de la película y deja claro que todavía existe mucho potencial para futuras entregas.
Como debut cinematográfico de gran presupuesto, Backrooms supone un logro notable para un director tan joven como Kane Parsons. La película construye una atmósfera opresiva, inquietante y absorbente, apostando por un ritmo pausado que prioriza la tensión sobre los sobresaltos fáciles.
Quienes esperen una sucesión constante de sustos probablemente encuentren una propuesta diferente a sus expectativas. Sin embargo, aquellos que disfruten del terror atmosférico, del misterio y de las historias que juegan con la percepción de la realidad descubrirán una obra mucho más madura de lo que cabría esperar de una adaptación nacida en internet.
Con este prometedor comienzo, todo apunta a que A24 ha encontrado una nueva franquicia de terror con un enorme recorrido por delante. Si las futuras secuelas consiguen potenciar aquello que hace especial a esta primera entrega —su atmósfera, su sensación de aislamiento y el terror a lo desconocido—, estaremos ante una de las sagas más interesantes del género en los próximos años.
Valoracion: ★★★½☆






Comentarios
Publicar un comentario